Era un cerdito hacendoso
Lo bañaban cada día
Se veía tan hermoso
Que hasta hijo se creía
Pues su amo, Don Ambrosio
Herederos no tenía
Porque su esposa, Emilia
Nunca una prole le dio
Por eso el listo creyó
Ser parte de la familia

“¡Oing!..¡Oing!...¡Oing!
¡Chuí!...¡Chuí!...¡Chuí!”
Rumiaba lleno de gozo
Presumido y orgulloso
A los demás despreciaba
Como pavo real andaba
Pero el pobre no entendía
Que por más que se aseara
Era un puerco todavía

Una vez él se mofó
De un perro porque era gago
Se burló después de un gallo
Y que porque no madrugó
A un gato despeluzó
Porque éste era muy vago
Pero la ley de la siembra
Nos dice con gran verdad
Que lo que se sembrare
Eso aquí se segará…

Un día el puerco Chencho
(Creo que así se llamaba)
Se encontraba muy inquieto
Pues su amo no llegaba
Este había salido
Muy temprano a trabajar
Pero a la hora acostumbrada
Nunca se le vio llegar
Pasaron algunos días
Se oyó de Lidia un lamento
Entonces Chencho entendió
Que su amo se había muerto

El cerdito comenzó a llorar
Sollozó muy tristemente
Pero escuchó de repente
Una multitud llegar
Era su amo, Don Ambrosio
Que venía en un ataúd
Movido por la inquietud
De aquel extraño jolgorio
Se acercó hasta el velorio
Esto fue lo que escuchó:
“Lidia,  ¿qué vas a hacer
Para atender la visita?
Hay que darle de comer,
Te ruego por favor me digas”
“Bueno hermano, no sé qué hacer
Tú sabes que no soy rica
Pero...espera- déjame ver...
¡Un lechón a la varita..!”

Hasta aquí Chencho escuchó
Salió corriendo asustao
“¿Me van a comer hoy asao?”
--Y monte arriba escapó
Mientras el cerdo corría
El perro gago lo vio
Y cuando el puerco pasó
Producto de la ironía
El canino en alta voz
Se burlaba y se reía
Cuando el gallo no-madrugador
Se enteró de lo que pasaba
¡Quiquiriquí-cocorocó..!
Este también se burlaba

Chencho siguió corriendo
Se calló en un fangar
Apestoso y mal oliento
Nadie lo quería ayudar
El gato vago se anima
Se olvida que es su enemigo
Sin importar lo que digan
Lo saca, le da su pata
Lo baña, le da su abrigo

El cerdito sorprendido
Por este gesto tan sano
Gime, llora arrepentido
Hace un pacto allí de hermano
El cerdito deja ahí su orgullo
La presunción y el rechazo
Sólo se oye ahora el murmullo
De que Chencho había cambiado

Los animales al saber
Que es un puerco transformado
Se compadecen de él
Desde entonces lo aceptaron
El primero en consolarlo
Fue el gallo no-madrugador
¡Quiquiriquí..! ¡Cocorocó...!
Desde hoy tienes mi perdón
Cuando el perro gago lo supo
Él también lo perdonó
Se olvidó de su disgusto
Y en su casa lo aceptó
Desde entonces todos juntos
Enseñan esta verdad
Que la enemistad y el orgullo
Son frutos de la maldad
Pero el amor es cual capullo
Tenue olor fragante y puro
De aquella flor, la amistad
Cuyos pétalos, cada uno
Traen al tierno corazón   
Dicha, paz y felicidad…





© Manuel Jordán
jordanelpoeta@gmail.com
Chencho, El Cerdo Orgulloso
Abuelito dime tú
Interpretación MIDI por René Ramos.
Visita la página infantil de René
http://www.geocities.com/elmundojuvenil/midisinfantiles.html
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